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29/04/2005

LA VELOCIDAD DE LA LUZ, de Javier Cercas

velocidadLuz.jpgCuatro años llevábamos esperando, los lectores de Cercas, su último trabajo. Y por fin llegó: "LA VELOCIDAD DE LA LUZ", Tusquets editores, Barcelona, marzo de 2005.

EL trabajo anterior, "Soldados de Salamina", más allá de su enorme éxito de ventas, resultó ser una magnífica e incontestable novela que dejaba el listón realmente alto.

¿De qué trata "La velocidad de la Luz"?

En pocas palabras es, por una parte, la historia de un aspirante a escritor y su relación con un excombatiente de Vietnam, a quien conoce en una universidad americana y, por la otra, la historia del escritor zarandeado por el éxito. Ambas historias le sirven al autor para reflexionar sobre uno de los extremos de la condición humana: la capacidad de infringir el mal, y sobre las consecuencias del éxito social para todo aquel que, consiguiéndolo, erre en su gestión.

Además, y como en "Soldados de Salamina" esta nueva novela se nutre (desde mi punto de vista) del mismo planteamiento formal: el proceso de creación literaria, la relación realidad-ficción y el logro de conseguir que el lector deduzca que el libro que se está escribiendo a lo largo del texto es, precisamente, el que está leyendo.

Este mismo planteamiento formal ha sido usado recientemente en diferentes obras por diferentes autores. Valgan como ejemplo además de los dos últimos trabajos de Cercas, "LA Sombra del Viento" de Ruiz ZAfón y últimamente Bernardo Achaga en "El hijo del acordionista".

Pero continuemos con "LA velocidad" y vayamos por partes:

La historia descrita en "La velocidad de la luz" coincide, a grandes rasgos con la biografía del autor. Está claro que Cercas "juega" a la identificación autor-narrador, a hacer creer al lector que todo lo está escrito es real, entendiendo como real el hecho que los personajes existan más allá de la novela, que lo narrado sea más o menos cierto, que sea, (ay) verdad.

El incipit ya nos pone en aviso: "Ahora llevo una vida falsa, una vida apócrifa y clandestina e invisible aunque más verdadera que si fuera de verdad".

A lo largo del primer bloque, las consignas son, me parece, claras:

Cercas inserta en los diálogos del personaje escritor y Rodney fragmentos que giran y giran sobre la relación entre la realidad y la literatura, y que convergen en la figura del escritor:

La propuesta es clara: el narrador (en primera persona) no es el mismo que el autor. Sin embargo, todos los indicios, a partir de lo narrado, apuntan a la identificación de ambas figuras. Del mismo modo que la Cercas de "Salamina" no era el "Cercas" autor, en "La velocidad" el escritor que narra no es el Cercas que escribe.

Pero... más allá de la táctica formal que Cercas arma para dar cuerpo a su historia, coemntaba que "La velocidad de la Luz" trata sobre dos temas:

1. la historia de un aspirante a escritor y su relación con un excombatiente de Vietnam, a quien conoce en una universidad americana.

2. la historia del escritor zarandeado por el éxito.

Veamos el primer tema:

El escritor sin nombre conoce, en su estancia en la Universidad de Urbana, a un excombatiente de la Guerra del Vietnam.
Valga como nota que no deja de ser extraño que Cercas aborde semejante tema.

Sea como sea, el eje central de este bloque temático es la experiencia de Rodney, el excombatiente, en la Guerra del Vietnam. Cercas se encarga de describirlo antes, durante y después de su intervención en el conflicto y la bruma de lo que el personaje vivió durante su estancia en Vietnam no la descifra sino en pequeñas dosis intentando maximizar la impresión de los hechos narrados sobre el lector.

El opuesto paralelismo con "Salamina" no pasa desapercibido: mientras que en la primera novela, en una situación de conflicto bélico un soldado permite que Sánchez Mazas huya a pesar de tenerlo encañonado, en "La velocidad" un soldado que algunos meses atrás era un civil ejemplar, se transforma en una bestia de matar enrolado en la tristemente célebre Tiger Force.

Cercas planea sobre el tema sin acabar de profundizar lo suficiente, como si narrase intentando no herir sensibilidades...

Cualquier hombre normal y corriente, en determinadas circunstancias puede devenir un asesino descontrolado.

Los textos son, sin duda, escalofriantes, sin embargo, en una sociedad tan harta de conlflictos y de sus descripciones, estos fragmentos no acaban de conseguir transmitir el horror que Cercas intenta hacernos llegar:





En el artículo "Kurtz: De Conrad a Coppola" puede verse un ejemplo de literatura que sí alcanza a transmitir ese horror... Conrad y Coppola lo consiguen en "EL corazón delas tinieblas " y "Apocalipsis now" respectivamente.

Pero dejemos el "horror" para pasar al segundo tema sobre el que bascula "La Velocidad" y que parece ser, es el que más ha llamado la atención de la crítica y la opinión pública: las consecuencias del éxito.

Cercas intenta retratar una caída en picado del escritor que conoce el éxito:

De alguna manera se nos habla de un vago paralelismo entre la deshumanización del hombre-soldado y la des-real-ización del hombre víctima del éxito, y que ambas realidades dependen de las circunstancias y no de sus protagonistas... aunque no parece que Cercas quiera insinuar ningún determinismo existencialista.

Quizá es la parte más floja de la novela. No deja de ser curiosa la repercusión que ha tenido en los medios de comunicación el hecho de que Cercas novele su propio éxito con "Soldados" siendo la parte menos verosímil y menos convincente.

Sin duda, esta última novela de Cercas cosechará un éxito similar al de "Salamina" y, claro está, acaba de consagrar a Javier Cercas como escritor de referencia en lengua castellana.

No en vano cuenta con "la bendición" de nada más y nada menos que de Steiner, y como reza el dicho: "palabra de Steiner: ta adoramos señor"

Ramiro Tomé
info@arquera.com
29/04/2005 20:49 Enlace permanente. Tema: CRÍTICA No hay comentarios. Comentar.

Robert Walser, EL PASEO

walser.jpgDe vez en cuando (muy de vez en cuando) cae en tus manos un libro de esos realmente especiales, un libro prácticamente desconocido en las librerías, un libro de un autor de los que no te suenan ni de casualidad...

De vez en cuando un libro te frena en seco, te sacude la mirada y te refresca las ideas.

Ése es el caso de un pequeño libro de la colección "Libros del Tiempo" de la editorial Siruela: EL PASEO, de Robert Walser, Madrid, 4ª edición, 2001. Traducción de Carlos Forteca.

De entrada uno recibe el libro con un cierto escepticismo... ¿quién será Robert Walser?, se le da un buen repaso, se le acaricia, se mesura la calidad del ejemplar, la credibilidad de la editorial, el año de publicación... se ojean las páginas, el tipo de papel, el tamaño de la letra... se leen las primeras líneas...

"Declaro que una hermosa mañana, ya no sé exactamentee a qué hora, como me vino en gana dar un paseo, me planté el sombreo en la cabeza, abandoné el cuarto de los escritos o de los espíritus, y bajé la escalera para salir a buen paso a la calle"

...y se guarda, se aparca en el rincón de los libros especiales porque, como todo el mundo sabe, para leer según qué libros se necesitan (según las personas) determinados estados de ánimo.

Días (semanas, meses o años) después, a saber por qué oscuros motivos, uno reconoce en su interior una incierta inquietud lectora bien diferente de la lectora sed de cada día... es entonces cuando, a saber por qué oscuros motivos, uno se acuerda al instante de éste o aquél libro que no se sabe cuánto tiempo hace que nos espera.

Sólo en estos momentos cabe acometer la lectura de "El paseo" y claro... se trata de apenas 70 páginas que se leen en un suspiro y se digieren (quien no me crea que lo pruebe) con una relajante sonrisa.

¿y de qué va la "cosa"?

Pues sencillo. Tal como queda "declarado" en las primeras líneas del libro y tal como reza el mismo título, se trata ni más ni menos que de un paseo que tan ricamente se da el señor Walser (para más información poeta) por su pueblo, en algún lugar de Suiza, un día cualquiera a media mañana.

La lectura és cuando menos relajada o mejor dicho relajante. Uno se ve arrastrado por la tranquilidad (evito términos como espiritualidad) por la paz de la narración, por el estado "romántico-extravagante" en el que se reconoce el propio Walser...

"El mundo matinal que se extendía ante mis ojos me parecía tan bello como si lo viera por primera vez"

Pero Alto!... ¿en qué año, en qué mítica época se dio el señor Walser semejante paseo? Se atiende entonces, una vez más, a los datos de edición del libro y se topa uno con la fecha: 1917 !!! En plena Primera Guerra Mundial !! En los incios de la Revolución Rusa !!

Europa se bate en armas y Walser pasea "romántico y extravagante" disfrutando hasta de su propia sombra.

¿Frívolo?

"Desde la superficie, me precipité a la fabulosa profundidad que en ese momento reconocía como el Bien. Aquello que entendemos y amamos nos entiende y nos ama también"

¿Trivial?

"Yo ya no era yo, era otro, y precisamente por eso era otra vez yo. A la dulce luz del amor, reconocí o creí deber reconocer que quizá el hombre interior sea el único que en verdad existe"

En absoluto.
En el contemplar del paseante cabe toda una filosofía de la percepción:
"Su cuidadosa mirada tiene que vagar y deslizarse por doquier, desinteresada y carente de egoísmo; tiene que ser siempre capaz de disolverse en la observación y percepción de las cosas, y ha de postergarse, menospreciarse y olvidarse de sí mismo, sus quejas, necesidades, carencias, privaciones..."

Probablemente uno de los secretos de "El paseo" sea lo contagioso de su tono. En apenas unas líneas nuestra lectura se tiñe de esa inefable lógica optimista o alegre esgrimida por el autor, que nos hace reconocer y participar de ese peculiarcísimo estado de ánimo.

La magia de "El paseo" es ese contemplar puro, esa conciencia de poeta valientemente defendida por encima de las exigencias sociales y sobre todo esa voz límpida hasta lo absoluto.

A riesgo de abusar de las citas prestadas del libro, no puedo sino terminar este breve paseo por "El paseo" con otro de sus párrafos, con todo un arrebato (permítaseme expresarlo así) de lucidez realista, con un jirón de naturalleza humana:

"A veces ando errante en la niebla y en mil vacilaciones y confusiones, y a menudo me siento miserablemente abandonado. Pero pienso que es bello luchar. Un hombre no se siente orgulloso de las alegrías y del placer. En el fondo lo único que da orgullo y alegría al espíritu son los esfuerzos superados con bravura y los sufrimientos soportados con paciencia. Pero no gusta derrochar palabras a este respecto. ¿Qué hombre honrado ha mantenido por completo intactos a lo largo de los años sus esperanzas, planes, sueños? ¿Dónde está el alma cuyos anhelos, osados deseos, dulces y elevadas concepciones de la felicidad se cumplieron, sin tener que hacer descuentos en ellas?

Ramiro Tomé
info@arquera.com"
29/04/2005 20:47 Enlace permanente. Tema: CRÍTICA No hay comentarios. Comentar.


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